viernes, 14 de noviembre de 2008

La leyenda del Lobisón


Se trata de una leyenda muy extendida en el interior del país, particularmente en la zona del litoral. Según se cuenta, si una familia tiene siete hijos varones, una maldición cae sobre el séptimo: es condenado a convertirse en una especie de hombre lobo. De acuerdo a las versión popular, para cortar el maleficio hay una solución: el presidente o la presidenta de la República debe apadrinarlo. La representación más extendida del lobisón es la de un perro negro y grande, con orejas desproporcionadas que le caen sobre el rostro (con las que emite un fuerte ruido). Sus patas terminan en pezuñas. A las doce de la noche de los viernes, el séptimo hijo se convierte el lobisón. En algunos casos, sucede los martes. Antes de que esto ocurra, el hombre se refugia en la oscuridad de los montes. Luego de la metamorfosis, el lobisón deambula durante toda la noche. Camina por los graneros, los gallineros, y los cobertizos en busca de carroña, e incluso puede morder a quienes encuentra a su paso. Cuando muerde o salpica con sangre a sus víctimas, éstas pueden llegar a transformarse en lobisones. Además, los perros aúllan con fuerza durante esa noche, advirtiendo sobre sobre la presencia del lobisón. Según cuentan, el hombre que se convierte en lobisón suele ser flaco, desgarbado, huraño y antipático. Su piel es amarillenta y no es raro que desprenda un olor nauseabundo. Otra característica es que es descuidado en el vestir. Aunque no se sabe a ciencia cierta, hay quienes aseguran que para defenderse del lobisón es necesario contar con ciertos elementos:
- una bala bendecida en 3 iglesias.
- un cuchillo bendecido con forma de cruz.
- una linterna con pila bendecida (de lo contrario no alumbrará).
Se lo puede atar, pero tiene que ser con lana abierta de tejer. Más allá de los consejos, hay quienes sostienen que es mejor nunca tener que enfrentarlo.