lunes, 29 de septiembre de 2008

Un demonio en la Embajada de Alemania


Ernesto Tornquist fue un prestigioso empresario argentino que hizo construir su mansión en Villanueva 1055, al lado de la Iglesia San Benito entre los barrios de Palermo y Belgrano, donde hoy funciona la Embajada de Alemania.
Luego de su muerte en 1908, la casa fue vendida a la familia Casullo y después a la familia Blaquier, quienes de repente, en medio de una noche de tormenta y sin explicar nada a nadie, partieron en su coche bajo la luz tenue de la luna.
Cinco días pasaron hasta que el monaguillo de la iglesia decidió ingresar a lo de sus vecinos para investigar qué era ese olor nauseabundo que se sentía desde el presbiterio. No tardó mucho en encontrar el causante del hedor. Semidesnudo y recostado en el piso helado del comedor, estaba el cuerpo de Alfio, el hijo de la pareja Blaquier.
Con la garganta abierta por el filo de una cuchilla, sus pulmones hacían un inútil esfuerzo por absorber la mayor cantidad de aire, pero solo lograban ahogarse en una tos de sangre y vómito.
Sus manos inmóviles, sus ojos blancos clavados en dos cuervos que expectantes lo observaban desde el vitreaux del techo, lo acechaban, lo esperaban, lo deseaban. Finalmente, y sin cambiar el rumbo de su mirada, el cuerpo tieso de Alfio se levantó y quedó de pie sobre el aire. Una voz sobrenatural le susurró una frase al monaguillo: “Quien mora en este cuerpo ahora, morará más tarde en otro que brindará su alma para que los demonios renazcan”. Segundos después, los cuervos desplegaron sus alas, se dejaron caer a los hombros del endemoniado Alfio y comenzaron a picarle los ojos.
El monaguillo, espantando, corrió hasta la iglesia. Llegó a la puerta y le contó al cura lo que había sucedido. Meses más tarde, el joven monaguillo hablaba de cuervos, de muertos ensangrentados y de demonios desde la habitación de un manicomio.
Durante años la mansión Tornquist estuvo deshabitada y nadie se animaba a acercarse a sus puertas, hasta que en 1980 la República Federal alemana se hizo acreedora del terreno. Contrató al arquitecto Dieter Oesterlen para que la refaccione y en marzo de 1983 inauguró la Embajada y Consulado de Alemania.
Nada se supo de Alfio, pero algunos aseguran que de noche escuchan una voz rara que suena gruesa pero que a la vez parece un chirrido (como quien rasguña un pizarrón), que reclama el desalojo de la mansión para que los demonios renazcan.

sábado, 27 de septiembre de 2008

El enano vampiro


Allá por los 80, el Circo de los Zares desembarcó con su fascinante espectáculo en Buenos Aires. Miles de personas concurrían diariamente para disfrutar o aterrorizarse con la presentación de fenómenos nunca antes vistos. Uno de ellos era Belek, un enano proveniente de la mítica zona de Cárpatos, donde habitaba el Conde Drácula.

Belek se había convertido en una de las sensaciones del circo, pero un día algo sucedió. El “hombre bala” y la “mujer barbuda” descubrieron al enano clavando sus filosos colmillos en el cuello de uno de los monos tití de la compañía y el dueño decidió echarlo de mala manera.

Lejos de su hogar, Belek encontró refugio en una casa abandonada del barrio de Flores. Como no tenía dinero para comer tuvo que rebuscársela y, fue ahí, donde misteriosamente los perros y gatos del barrio comenzaron a aparecer muertos con marcas de colmillos en sus cuellos.


Los vecinos asustados por la destino de sus mascotas, comenzaron a investigar y llegaron a la conclusión de que el nuevo habitante del barrio era el culpable de estos crueles episodios. Así fue como un día entraron a la casa del enano vampiro e intentaron asesinarlo. Pero Belek fue más rápido y escapó hacia el cementerio de Flores, donde aún -aseguran- habita, sediento de sangre.

viernes, 26 de septiembre de 2008

Las hamacas misteriosas

Vecinos de la localidad cordobesa de La Calera aseguraron que una hamaca ubicada en la plaza 25 de Mayo se mueve sola. Y agregaron un detalle: el fenómeno sucede solo los lunes después de las 22.
Pero no es el primer caso de una hamaca misteriosa. En 2007, se conoció otro fenómeno similar en una plazoleta ubicada en el ingreso a la localidad santafesina de Firmat. Allí, había tres hamacas contiguas pero solo una se movía, en un recorrido de dos o tres metros hacia atrás o adelante. Quienes observaron el fenómeno afirmaron que parecía que alguien se estuviera meciendo en ella.
Según la opinión de científicos, la hamaca de Firmat se encontraba en resonancia con algún elemento metálico o agua subterránea y esto generaba un movimiento que iba aumentando en velocidad. Sin embargo, existía otra versión que aseguraba que era movida por el espíritu de un niño muerto en ese mismo lugar hace veinte años. Según la historia, durante la construcción de un nuevo barrio de la zona, hubo un accidente y un niño perdió la vida en los cilindros de cemento de desagüe. Su travieso fantasma sería el causante de los movimientos de la hamaca.




martes, 23 de septiembre de 2008

El gigante de Once

Tres metros de altura y de barro son las descripciones que vecinos de Balvanera dan al gigante. El Golem fue creado por el rabino judío Judah Loew ben Bezabel. El Majaral, para proteger al ghetto de la ciudad Josefov, en Praga, que era discriminado en ese momento a finales del siglo XVI.
Dada la situación, el maestro Judah Loew ben Bezabel entregó a otro rabino un frasco con el mismo barro, extraído del río Moldavka, que atraviesa Praga. El Majaral, o “el más venerado maestro y rabí viajó junto con la migración judía y se instaló en el barrio de Once, en un edificio frente a la Plaza, sobre la avenida Rivadabia. Esta vez, el rabino junto con Judah Loew ben Bezabel aplicaron todos sus conocimientos en filosofía, astrología y astronomía para la nueva creación. Así se creó otro Golem, más conocido como El gigante de once.
Dicen que El gigante de once salva de accidentes y malhechores a las personas. Es un protector del barrio. Se rumorea en algunas cafeterías del barrio que hoy en día no vigila como antes, y que sus veedores son los gatos de la plaza, ellos le avisan.
De allí en más, la historia se ramifica en versiones. Unos: cuentan que antes de morir el rabino encerró al gigante en una habitación a la que nadie puede entrar. Otros: que vive en un callejón oculto. Y terceros dicen que descansa bajo la pileta del monumento central.

Su alma en el espejo

Arrugas que no se esconden, canas que no domina, labios finos y resecos, y esos ojos azabache que bajo dos cejas tupidas lanzan una mirada penetrante. Tan blanca, tan pálida queda su imagen, y de golpe… un grito agudo, ensordecedor, espectral.
Ese es el reflejo que devuelve el espejo. Es el rostro de Beatriz Tejada del Solar, fallecida en 1927. La mujer era una vieja codiciosa con una fortuna incalculable de billetes y joyas. Fue en ese año cuando se hizo poseedora del espejo maldito.
Ovalado y con un marco de oro, apareció en Egipto a principios del siglo XX enterrado cerca de la tumba de Tutankamón. Quienes lo encontraron se alarmaron al leer que en la parte de atrás aparecían inscripciones que expresaban “El camino del alma inmóvil”, y deletreaba una maldición para quien mirara fijo el vidrio. Creyeron que sería un objeto del faraón pero por lo grave de su enunciado, prefirieron no mostrarlo al público. Quisieron volver a enterrarlo, pero la mano de un ladrón se adelantó y lo robó.
El hombre se lo vendió a una dama joven que llegó a su casa, le sacó el polvo y lo apoyó sobre la cómoda de su dormitorio. Esa misma noche, la dama se sentó frente al espejo para peinarse… minutos después su cuerpo se desvaneció y su rostro comenzó a gritar desde adentro del cristal. Su marido quiso romperlo pero los gritos eran desgarradores. Entonces decidió envolverlo en un paño verde inglés y lo tiró en el depósito de un barco que partía con rumbo desconocido.
El barco ancló en La Plata, provincia de Buenos Aires, y el espejo fue llevado por dos marineros a la mansión de la vieja Beatriz, dueña de la embarcación. Ella, maravillada por la hermosura de la adquisición, pidió que lo cuelguen en una de las paredes de su dormitorio. Esa misma noche, la vieja Beatriz cayó muerta y su rostro quedó atrapado, pálido y con los gritos más estremecedores que puedan oírse.
La historia tiene varios finales: que el espejo fue llevado a un galpón en San Telmo donde hoy funciona el Mercado de las Pulgas. Que fue escondido en un sótano en Tigre, lugar donde está el Puerto de Frutos. Que fue devuelto a Egipto. Lo cierto es que desde hace más de 80 años nadie ha sabido nada. Así que, frecuentadores de mercados y amantes de los espejos, a la hora de comprar y de mirar, tengan cuidado. Puede ser que el rostro de la vieja Beatriz los mire fijamente para salir y liberar su alma inmóvil.

domingo, 21 de septiembre de 2008

La bestia de la Reserva Ecológica


Cada fin de semana la Reserva Ecológica recibe más de 10.000 visitantes que disfrutan de su flora y fauna nativa. Sin embargo, cuando el sol se esconde un animal misterioso acecha a los desprevenidos.

Mitad rata, mitad perro, “Reservito” se esconde entre los pastizales a la espera de alguna presa que pueda saciar sus ansias de sangre.

El origen de este monstruo radicaría en los altos niveles de contaminación que presentan las aguas del Río de la Plata.

Algunas hipótesis indican que los reiterados incendios de la Reserva, más de 300, son producidos intencionalmente con el fin de terminar con “Reservito”, algo que hasta ahora no han logrado.

La bestia sigue allí, acechando a sus futuras presas...

viernes, 19 de septiembre de 2008

La extraña muerte de Rufina Cambaceres



Entre las tumbas y bóvedas del cementerio de la Recoleta laten millones de historias de fantasmas. Entre ellas, sobresale la de Rufina Cambaceres, hija del escritor argentino Eugenio Cambaceres. El autor se casó con una bailarina italiana, Luisa Baccichi. El matrimonio tuvo una única hija. Tras la muerte de Cambaceres, en 1889, madre e hija vivieron solas en un casona ubicada en la calle Montes de Oca. Cuatro años después, Luisa se convirtió en la mujer del futuro presidente Hipólito Yrigoyen.
El 31 de mayo de 1902, Rufina cumplía 19 años. Su madre había organizado una fiesta y luego irían a un concierto en el teatro Colón. Cuando había terminado la fiesta, Luisa escuchó el grito de una de las mucamas y enseguida corrió a la habitación de Rufina. La mujer encontró a su hija muerta, tendida en el suelo. Según el testimonio del médico, se trató de un síncope. Sin embargo, había una versión que aseguraba que su madre la drogaba todas las noches con un tranquilizante para que la chica no se despertara mientras ella tenía relaciones con su amante, quien sería un supuesto novio de Rufina. La noche de su muerte, Luisa habría redoblado la dosis y eso habría sido fatal. El supuesto novio se habría suicidado veinte días después, frente al Café Tortoni.
Al día siguiente de su fallecimiento, Luisa e Hipólito Yrigoyen, la sepultaron en la Recoleta. Pero unos días más tarde, el cuidador de la bóveda les comunicó un terrible hallazgo: el ataúd de Rufina estaba abierto y con la tapa rota. La versión oficial afirmó que se trataba de un robo, debido a que la joven había sido enterrada con todas sus joyas. Sin embargo, para muchos, Rufina había sufrido un ataque de catalepsia y había sido sepultada viva.
Según la leyenda, Rufina se despertó, golpeó varias veces las paredes del féretro, logró salir y ver el cementerio desierto. Pero como las puertas de la bóveda estaban cerradas, la joven entró en una profunda desesperación y murió de un ataque al corazón.
Una estatua de estilo art noveau la representa con una mano aferrada a la reja de la bóveda. Es como si tratara de abrir el picaporte de una puerta. Hay muchos que aseguran que, después de tantos intentos, el fantasma de Rufina lo logró y durante las noches deambula por las callecitas del cementerio. Y que incluso podría ser la misteriosa Dama de Blanco. Aunque esa ya es otra historia.